¿Te estás decepcionando a ti mismo para no decepcionar a los demás?
Esta semana leí una frase que me impactó profundamente en uno de los mejores libros de liderazgo publicados este año.
“Boundaries are the distance at which I can love you and me simultaneously.”
— Prentis Hemphill
Traducido: “Los límites son la distancia a la que puedo amarte a ti y a mí al mismo tiempo.”
Es una de las definiciones más claras que he leído sobre el acto de poner límites: nuestra capacidad de delimitar el espacio entre lo que es importante para nosotros y lo que los demás esperan de nosotros.
Y toca un punto sensible en el mundo corporativo: muchos profesionales dicen SÍ sin considerar el impacto que esa pequeña sílaba puede tener sobre ellos.
Es una dinámica que observo con frecuencia en los managers que acompaño: nace del deseo de sentirse útiles, apreciados, confiables. Del temor a que un NO genere fricciones o decepcione a alguien.
El problema es que la persona que terminan decepcionando… es a sí misma.
Porque cuando dicen SÍ a todo (reuniones, tareas, correos, urgencias, proyectos), acaban el día agotados, con la mente saturada y sin espacio para ejercer liderazgo, hacer crecer al equipo o trabajar en su posicionamiento futuro.
Cuando analizamos esta dinámica juntos, surge un patrón recurrente: ese SÍ funciona como una muleta, una vía emocional rápida.
Una forma de cerrar el asunto y seguir adelante, evitando el esfuerzo de la consciencia, de la elección y del juicio ajeno.
¿Cómo evitar caer en este patrón?
Siempre insisto en tres herramientas fundamentales que nadie nos enseña, ni siquiera en los cursos de liderazgo:
Objetivos claros: si no sabes qué es realmente prioritario para ti, cualquier solicitud parecerá urgente y dirás SÍ a todo y a todos.
Modelo STAR: un método estructurado que ayuda a analizar las peticiones de los demás y decidir conscientemente si corresponde decir SÍ o NO.
Comunicación asertiva: explicar y argumentar tu NO con claridad y respeto. Recuerda que estás entrenando una competencia de negociación, no dando un rechazo personal.
De esta manera, el límite deja de ser una barrera. Se convierte en un espacio que protege la relación con los demás: permite no sacrificar lo esencial para ambas partes, incluso cuando eso implica no hacer lo que te han pedido.
Un profesional crece cuando aprende a reconocer ese espacio y a habitarlo.
Cuando se concede la posibilidad de elegir, en vez de reaccionar
y, al mismo tiempo, sigue generando valor en su rol.
Te dejo una pregunta para reflexionar:
¿Cuántos de los SÍ que dices en el trabajo responden realmente a tus prioridades… y cuántos responden a tus miedos?
Hasta la próxima,
Silvia
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