Libertad y trabajo: qué significan realmente para managers y líderes
En este articulo parto de un recuerdo personal (un jueves de trabajo aparentemente ordinario) para reflexionar sobre qué significa la libertad para quienes gestionan personas y toman decisiones en contextos complejos. Una libertad que se esconde en el margen de decisión que tenemos dentro de nuestras responsabilidades cotidianas. Un espacio pequeño, a menudo invisible, pero que marca una gran diferencia entre sentirse atrapados o libres.
Cuando piensas en la libertad, ¿en qué piensas?
Me lo pregunté leyendo la introducción del libro de Dario Vignali, un joven emprendedor al que sigo desde hace años. En su libro Il Tao del Business cuenta que, desde pequeño, siempre ha asociado la libertad a un velero.
Yo, quizás de una forma menos romántica y decididamente más paradójica, pienso en una jornada de trabajo.
En una en particular, vivida hace algunos años.
Recuerdo perfectamente aquel jueves de octubre. Estaba en casa, en Puglia, visitando a mis padres, y el día estaba lleno de reuniones hasta última hora de la tarde con los equipos entre China, Francia y Chile. Proyectos complejos, decisiones, husos horarios desde Asia hasta América: mi habitual jaula bien decorada.
A última hora me cancelan una reunión. Se abre un espacio inesperado entre las 12 y las 14.
El reflejo automático de cualquier ejecutivo: llenar ese vacío eligiendo entre deep focus, correos atrasados, informes de gastos y almuerzo en el escritorio.
Pero hice algo distinto, casi rebelde para ser en plena jornada laboral: me escapé al mar con mis padres.
Almuerzo en Turicchio, en Santa Sabina (para quienes viven en Brindisi, tomen nota), pasta con mariscos, un vino ligero, la vista al mar y el sol que te regenera.
Una desviación de la jornada.
Un acto de micro-rebeldía.
Impensable para un jueves laboral cualquiera.
Lo que recuerdo, además de la belleza del momento del que conservo varias fotos, es la energía del después. Trabajé hasta tarde con una determinación que no recordaba desde hacía tiempo. Como si esa pausa no autorizada hubiera reencendido algo que las reuniones encadenadas habían apagado.
Esa desviación me enseñó una cosa:
la libertad no es dejar de trabajar.
Es tener suficiente espacio de decisión como para no sentirme prisionera de mis propias responsabilidades.
No es un gesto grandilocuente, como dejar el mundo corporativo o comprar un velero y navegar por el mundo.
La libertad es la suma de pequeñas decisiones cotidianas: tomar esa desviación, decir ese no, ocupar ese espacio inesperado sin sentir culpa.
Es ese espacio a menudo invisible, pero que marca una gran diferencia entre sentirse atrapado o libre.
Para mí, aquel jueves de octubre, ese espacio fue un almuerzo frente al mar con mis padres.
¿Y tú, en tu agenda, dónde podrías cultivar un margen de elección?
Hasta la próxima,
Silvia